Fitness

Ser mi mejor versión es una de mis motivaciones diarias y el fitness, aunque por estos días parece ser sólo una moda, como concepto (estudiándolo bien), va mucho más allá que eso. Fitness significa bienestar, es decir la combinación de salud física, mental y espiritual para afrontar con toda las actividades del día. Es tener energía para realizar y crear, soñar y mejorar como seres humanos. Y, porque es una filosofía que se adapta a todos los tipos de persona con sus diferentes estilos de vida, detonantes y capacidades, el fitness está entre mis principales intereses.

Para ser sincera, es la única vía que me ha dado resultado en mi búsqueda del equilibrio. En mi adolescencia, viví un trastorno alimenticio que dejó huellas en mi forma de ver la vida, mi autoestima, mi relación con los demás y el presente mismo. La llaman la enfermedad del amor y su principal causa es el no tratar problemas o situaciones afectivas, relacionadas con la familia y el entorno, en su momento. Así, los síntomas vienen y se van, la clave esta en aprender cómo calmarlos. Es como una gripa, si aparece pues nos ponemos en acción.

El punto es, que el fitness me ha enseñado a surfear esas olas, a reírme de mis defectos, a curarme las heridas, respirar y seguir adelante. He cometido muchos errores y todavía lo hago, pero ahora soy mucho más consciente . Cada persona es un universo, sé que no existe una vida sin tristezas y sin cosas que podrían ser mejor, para mí no hay felicidad completa, porque la felicidad es un balance y a eso creo que es a lo que hay que sacarle provecho.

Todos los días trato de comer lo mejor que puedo, darle duro al gym (porque el rol de deportista me lo reservaron para otra vida), aprender mucho en mis estudios, ponerle corazón al trabajo y a mi rol como hija, amiga, novia… a evitar y luchar con mis detonantes, aunque me sea muy difícil. Así vivo el fitness, a mi modo, sin tanta moda.

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