Escuchándome

Por años ignoré mi cuerpo, sus sensaciones y emociones. Me dediqué a pensar y a vivir en pro de la mente. Si me sentía agotada, sofocada, triste o simplemente con ganas de nada, lo ignoraba y seguía adelante con todas mis fuerzas, ¿Por qué?  por que ¡Yo puedo con todo!

Y sí, realmente todos podemos con todo, somos seres humanos perfectamente valiosos y diseñado a enfrentar cualquier cosa que venga. Pero también, somos el resultado de una construcción social que indirectamente nos crea paradigmas y creencias profundas que guiarán todo lo que haremos en nuestra vida.

En mi caso, crecí creyendo que dar el 200% es sinónimo de éxito, que trabajar aunque el cuerpo y la mente estén cansados es igual a disciplina y empeño. Que hacer más que el otro y juzgarme por los resultados era una forma de avanzar. Y, sí, ser disciplinado, organizado, responsable y trabajador nos llevará seguramente a conseguir lo que deseamos; la clave esta en mantener un balance porque llegará un momento en el que el cuerpo y las emociones (tan ignoradas) nos pasarán factura.

Tengo 24 años y he logrado todo lo que he querido, me he sacrificado física, emocional y mentalmente para llegar hasta donde estoy. Me siento satisfecha y feliz. Y extremadamente cansada. Peco por sobre-entrenar, sobre-esforzarme, sobre preocuparme y auto evaluarme severamente (toda mi vida me programé para ello y ahora me cuesta mucho romper este patrón).

Estoy aprendiendo a escuchar mi cuerpo, algo que realmente es fácil: puedo identificar en cuál zona siento dolor, cuáles son mis sentimientos del día, cuando realmente estoy cansada o si se trata de pura flojera. Lo que me cuesta demasiado es HACERLE CASO, mi mente muchas veces me manda al gimnasio así tenga los músculos engarrotados o dolor de cabeza; la mente me dice “Lee, estudia, adelanta el trabajo, ocúpate” cuando realmente sólo deseo no pensar y ver comedia romántica; la mente me juzga muchas veces  “¿28? pero hubieses sacado un 30, deberías esforzarte más”  aunque lo haya dado todo.

Y me pregunto ¿Por qué soy tan inflexible conmigo misma?¿Realmente vale la pena estallarme así? Por un día que no entrene y coma limpio mi cuerpo no se deformará o dejaré de ser saludable por siempre; por un periodo en el que no estudie no dejaré de ser una mujer excelente; por un 28 (que no es la máxima nota pero que es muy buena) que celebre no me hace mediocre ni conformista, me hace realista. El día en que falle nadie me humillará y seguramente mis amigos, familia y novio no dejarán de amarme. Ahora vuelvo y me pregunto ¿Por qué soy tan inflexible conmigo misma? Porque mi amor proprio depende de lo externo y cosas que se pueden medir. Realmente triste, lo sé, pero es la verdad…. y no soy la única, sé que muchos sienten lo mismo.

Estoy aprendiendo a hacerle caso al cuerpo, a ser flexible y balancear mi vida. No saben lo difícil que es, la teoría del todo o nada la tengo tatuada y la sigo en automático. Pero hoy digo basta! sé que puedo ser igual de visionaria, de excelente, de emprendedora y responsable sin llevar mi ser al límite.

Reconciliemos nuestra mente con nuestro cuerpo y espíritu, así cuando se manifiesten todos tendrán razón.

Nota: Escribí esto porque expresarlo es mi terapia, espero que alguien se pueda sentir identificado. Si es así, los animo a fluir, así cueste, recuerden fluir…

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