Soy más que mis resultados

La mia performance ha sido hasta este momento mi polo a tierra, mi ancla y mi motor. El simple hecho de ver como la dedicación, la constancia y la entrega funcionan, han hecho que desde hace mucho yo misma me valore por mis resultados. Era mi forma de sentir que soy aceptada y valorada, admirada; porque cumplo expectativas… de todos y no mías.

Ir un poco más allá, dar el doble y entregarse a un propósito, son claves indiscutibles para el éxito, sea que se cumpla el objetivo o no, porque siempre todo vendrá cargado de aprendizajes. El problema está cuando nosotros mismo empezamos a someternos a constantes evaluaciones con las cuales nos auto exigimos la excelencia, buenos resultados, logros; dejamos de ser flexibles y en el momento en el que las cosas no fluyen como queremos, algo en nuestro interior crola.

Crola y juzga.

Siempre he sentido que puedo lograr cualquier cosa que me proponga, pero en el fondo, admito que también siento miedo, no de no lograrlo si no de la respuesta a ¿Qué pasaría si no lo logro? Esa sensación que no admitimos pero que sentimos y es latente y permanente, una condición que a su vez desencadena ansiedad y estrés (lo peor con lo peorcito, en pocas palabras).

De verdad no lo merecemos, no lo merezco. No pasa absolutamente nada si no llegamos a la meta, existirá otra, mañana, en un mes, en años o en otra vida. Ya me cansé de ser un boletín de notas, un excelente trabajo, una beca ganada o un cuerpo armonioso.

Obviamente,  no quiere decir que no lucharé cada día por conseguir ese tipo de logros si me hacen feliz, pero no caeré más el día en que me equivoque o simplemente no consiga los resultados esperados. Hoy decido aprender a que me importe muy poco el final, porque el obstáculo o las pequeñas buenas noticias del hoy son lo que cuentan.

No olvidemos que se hace camino al andar como decía Antonio Machado.

Nota: En el cierre del primer año de mi maestría me propuse obtener como promedio un nivel igual al de un estudiante italiano excelente, es decir entre 29 y 30 (siendo 30 la máxima). Y, aunque no soy italiana y aún me cuesten los términos técnicos, lo logré! Pero no saben todo lo valioso que dejé en el camino y lo mucho que sacrifiqué, sólo para evitar mi auto desaprobación. No es justo.

Hoy digo: Soy más que mis resultados.

 

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